La propiocepción es la consciencia de nosotros mismos, de nuestra postura corporal con respecto a lo que nos rodea. Es la capacidad de nuestro cuerpo de detectar el movimiento y la posición de las articulaciones. La información que el sistema propioceptivo capta permite que se puedan realizar ajustes en el control y ejecución de los movimientos, evitando el riesgo de lesión durante la realización de cualquier actividad.

Nuestras articulaciones (músculos, tendones y ligamentos) junto con la visión y el equilibrio envían continuamente información al cerebro acerca de su posición con respecto a nuestro entorno, formando una imagen de la ubicación y estado de cada uno, que permite a nuestro cerebro realizar los movimientos que sean precisos.

Podemos decir que la propiocepción es un sentido más que poseemos.

Los cinco sentidos que conocemos: tacto, visión, audición, olfato y gusto, pertenecen a un grupo llamado “sentidos de exterocepción” que nos permiten percibir lo que ocurre en el exterior de nuestro cuerpo.

Y la propiocepción es un sentido, pero un sentido de interocepción. Gracias a la propiocepción nuestro cerebro tiene conciencia del estado interno del cuerpo, una información que recibe de:

  • Husos neuromusculares. Se sitúan en el vientre muscular y se estimulan cuando el músculo se estira de manera leve. Son responsables del reflejo miotático, un reflejo de protección ante un estiramiento brusco.
  • Órganos tendinosos de Golgi. Se sitúan en la unión músculo-tendón y en el tendón y se estimulan al alargar de manera pasiva las fibras musculares o al contraer voluntariamente el músculo, lo que ayuda a prevenir posibles lesiones.
  • Propioceptores capsuloligamentosos. Se sitúan en la cápsula y ligamentos e informan a la corteza cerebral de la posición y el movimiento de la articulación. Son cuatro: de Ruffini, de Paccini, de Golgi-Mazzoni y de terminación libre.
  • Propioceptores vestibulares. Se sitúan en el oído interno informando de la posición de la cabeza y del movimiento de esta.

La propiocepción es muy importante en fisioterapia, ya que cuando sufrimos una lesión articular (esguinces, fracturas, intervenciones quirúrgicas…) los receptores propioceptivos se atrofian, produciéndose un déficit en la información que recogen, de esta forma, tenemos más propensión a sufrir otra lesión. Por ello, es importante que tras una lesión la realización de ejercicios propioceptivos guiados por un fisioterapeuta.

Estos ejercicios son marcados por el fisioterapeuta y se adaptan a la persona y al tipo de lesión, siendo ejercicios más intensos si se entrenan a nivel deportivo.

Los ejercicios propioceptivos ayudan a mejorar la fuerza, coordinación, equilibrio y estabilidad, con ellos mejorará el tiempo de reacción ante determinadas situaciones. Nos ayudan a reeducar estas estructuras con el objetivo de favorecer las respuestas automáticas y reflejas.

Los ejercicios de propiocepción trabajan principalmente trabajamos el equilibrio, la coordinación y los cambios de superficies. Son ejercicios cuya dificultad va aumentando de manera progresiva.